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La palabra escrita

  • Angel Rosenblat
  • 5 dic 2015
  • 1 Min. de lectura

Extracto del Libro: El sentido mágico de la palabra. Universidad Central de Venezuela

La palabra, dios alado, aire musical, encontró doradas cadenas en la escritura. El carácter etéreo, espiritual de la palabra se materializó en signos tangibles. El espíritu se hizo letra. El fatum, el hado, el terrible destino era ´lo que estaba dicho´. Ahora la fatalidad es ´lo que está escrito´: “¡Estaba escrito!” La Providencia parece desde entonces un escriba implacable que lleva anotado, en un libro inmenso cada segundo de nuestro bien y nuestro mal, hasta el postrer segundo. ¡Todo está escrito!. La creencia misma, transmitida y recreada por la tradición, se ha transformado en libro, en biblos, y la suma de los libros sagrados es la biblia, los libros. El libro ha tenido inicialmente carácter sagrado.

La escritura primitiva era pictográfica: la palabra era todavía parábola, fábula. Si la palabra tenía virtud sagrada, también su imagen y también la piedra, el ladrillo, el metal, la corteza o el papiro en que estaba fijada. Si la palabra divina revelaba a Moisés era sacrosanta, debía serlo también el Libro que la recogía y guardaba, y la lengua misma de la revelación. Y cuando la escritura dejó de ser pictográfica, cuando las imágenes tradicionales se fueron estilizando hasta hacerse inidentificable, cuando se extrajeron de ella los signos alfabéticos, el misterio de la letra vino a sumarse al misterio de la palabra.

 
 
 
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